
La casa nace de la relación directa entre arquitectura y paisaje. Ubicada sobre el cerro y rodeada de árboles, el proyecto busca integrarse silenciosamente al entorno, permitiendo que la naturaleza y las vistas sean las verdaderas protagonistas.
La horizontalidad de la vivienda se posa sobre el terreno como una plataforma de contemplación, generando una sensación de calma, refugio y desconexión. Los grandes ventanales abren los espacios hacia el paisaje, diluyendo el límite entre interior y exterior, mientras la presencia de pocos vecinos refuerza la privacidad y el contacto íntimo con la naturaleza.
La arquitectura se expresa mediante líneas limpias, volúmenes puros y una materialidad sobria, creando una atmósfera serena donde la luz, el silencio y el paisaje construyen la experiencia del habitar.
